sábado, 9 de octubre de 2010

La mentira como expiación

Aprendí a beber
la baba de caracoles,
aprendí a volar
por sólidos cielos grises.
Aprendí a sonreírle
a cretinos y acreedores.
De la escuela de mis días
(casualmente)
me gradué de miserable,
guardando mis tesoros
en amalgamas, alquimias
(que no ha disfrutado nadie)
para después de mi muerte
cerrando las albadillas.

Necesito que me mientan.

No me digan,
por favor…
que no va a haber otra vida.





3 comentarios:

María Susana dijo...

Y aquí estoy para decir al que quiera escuchar que si habrá otra vida. que en esa otra u otras vidas tendremos la posibilidad de ser lo que no fuimos, de amar lo que no amamos, de creer en lo que no creímos.
Sí que habrá otra vida y no necesito que me mientan pues lo sé desde el mismo día en que dí el primer berrido. Cariños!

Carla dijo...

Miguel, perdón por mi ausencia...problemitas simplemente.
Estuve leyendo y esta última me impacto, su originalidad, su desafío, el pedido al consuelo...me encantó...como todo lo que escribes.
Un fuerte abrazo y buen finde!

María García Romero dijo...

Profundo y muy hermoso Miguel!...
Celebro haber llegado hasta aquí.
Abrazos amigo mío!
María.