viernes, 11 de marzo de 2011

Carrefour y pedos

Breves ensayos de la vida cotidiana

No subvalore usted, lector, a este breve ensayo por un título ligeramente escatológico. Es más, un pedito es un gas con personalidad, un poco de éter con ADN, no es más que eso. No caigamos en la vulgaridad de criminalizar algo que es tan cotidiano como el saludo a la señora del segundo.

Me quiero referir en especial, a esos peditos que solemos tirarnos en las grandes superficies comerciales cuando pasamos por un pasillo vacío. A ese pedito amable que nos permite relajar un poco la tripa. Un pedo inocente al fin.Pongámonos en situación: Estamos caminando luego de varias vueltas por góndolas, probadores, ofertas y tentaciones. De pronto, está ése pasillo que esperábamos…ese pasillo por el que no pasa nadie. Aprovechamos entonces el ruido ambiente de la megafonía y nos permitimos soltar ese pedito apenas imperceptible por su ruido y menos aún por su olor debido al enorme tráfico de gente; nos quedamos a gusto…y además nos invade una sensación de triunfo por haber hecho algo políticamente incorrecto. Terminamos de recorrer ese pasillo como un general que ha conquistado una ciudad, y una sonrisa de satisfacción adorna nuestro semblante.

Pero (siempre hay un pero en el manzano decía mi profesora de lengua) no contábamos con una realidad fisiológica rotunda.
Luego de ese santo pedito, el esfínter anal ha sido alterado para dejar escapar a nuestro amigo. Pero le cuesta unos segundos al sagrado ojete volver a su estado inicial.

El resultado: Por el siguiente pasillo pasa una señora con cara seria (en estas circunstancias todas la tienen) y sin proponérselo, Don Culo nos regala un segundo pedito que sale sin ninguna autorización del dueño, con un ruidito inocente pero que no se le escapa a la señora de la cara seria.
Humillados, seguimos caminando con la sensación que la señora de la cara seria se quedó mirando para atrás, y y continuamos andando con cara de “aquí no ha pasado nada”, mientras se nos va la sensación de triunfo y nos transformamos en un ser deplorable, asqueroso, impresentable.
Quiero proponer a las grandes superficies comerciales, un corredor que una los pasillos con los servicios. Una especie de “milla verde” apropiada para peditos antes de llegar al excusado.
Seguramente aumentarían las ventas por respetar los detalles de los clientes pedorros.

2 comentarios:

María Susana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Dany dijo...

Permítame doctor que, para estrenarme, discrepe. O al menos aporte algún matiz etéreo.

Yo adoptaría, ante este tipo de situaciones, una actitud radicalmente opuesta. Considero que el lugar óptimo para expulsar un inocente pero necesario gas intestinal no es, ni mucho menos, un lugar inhóspito, sino todo lo contrario. De hecho, por buscar un lugar vacío pasa lo que pasa con la señora con cara seria. En cambio, en un lugar lleno de gente, tanto bullicio y olores (porque la gente en manada hace ruido y huele mucho) son el escondite perfecto para nuestro inquilino. Ejemplo más claro no se me ocurre: el metro de México D.F. en hora punta. Y si acaso se llegara a oler algo, es imposible saber de cuál de todos los traseros ha venido.