
Su mirada se fue marchitando
como luna menguante
su piel se agrietaba con esmerado descuido
aprendió a no sentir hambre
ni sed
sus sueños fueron devorados por Neptuno
y su sexo se olvidó de ser.
Él decidió que cincuenta años eran cien
que la felicidad fuera un plasma
que el mundo sea un bar marrón
y que funcione su tren
con escocés.
Los cantos de sirena le llegaban
desde suburbios de lo vital
Y así
se quedó esperando en su andén
llamando a la tierra
Para nacer.
2 comentarios:
triste personaje realmente, es solo una sombra que espera la tumba. bien descripto por tu pluma
Qué bien lo haces, Miguelín. Un abrazo.
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